Cerrar el Ministerio del Deporte no achica el Estado. Achica el cerebro de Chile.
Por Bruno Villalobos Muñoz - Presidente ACHIADS

El deporte como infraestructura estratégica
La propuesta del Partido Nacional Libertario de cerrar el Ministerio del Deporte, publicada el 14 de agosto, reduce la conversación a un debate sobre el tamaño del Estado. Pero el problema es más profundo: se trata de reconocer que el deporte no es un lujo o una actividad complementaria, sino parte de la infraestructura con la que Chile desarrolla salud, aprendizaje, autonomía y capital humano. El movimiento permite actuar simultáneamente sobre salud física, salud mental, desarrollo cognitivo, convivencia y calidad de vida. La Organización Mundial de la Salud reconoce que la actividad física durante la infancia y adolescencia mejora el desarrollo motor y cognitivo, la salud mental y la salud cardiometabólica; en adultos se relaciona con menor incidencia de enfermedades no transmisibles y mejor salud cerebral; y en personas mayores contribuye a preservar capacidad funcional.
La inactividad como problema estructural
La Política Nacional de Actividad Física y Deporte 2026-2037 reconoce la inactividad física como un problema público estructural. Según sus datos, el 59,6% de las personas adultas no realiza la actividad física mínima recomendada en su tiempo libre y la inactividad alcanza al 92,5% de niños, niñas y adolescentes. Estas cifras indican que no se trata de decisiones individuales fallidas, sino de un entorno diseñado de forma que moverse resulta difícil. Un niño no decide dónde estará la plaza más cercana, cuántas horas permanece sentado en una sala, si existen instalaciones deportivas en su escuela, la seguridad de su barrio, ni el sistema de transporte que condiciona su tiempo disponible. Por eso la política pública existe: no para reemplazar la responsabilidad personal, sino para modificar las condiciones dentro de las cuales esa responsabilidad puede ejercerse.
El cuerpo que aprende
Chile ha discutido durante décadas cómo mejorar el aprendizaje, abordando currículum, infraestructura, formación docente, financiamiento, evaluación, convivencia escolar, tecnología e inteligencia artificial. Sin embargo, existe una dimensión que se trata como secundaria: el organismo que aprende. Un cerebro infantil no llega flotando a una sala de clases; llega dentro de un cuerpo que durmió o no durmió, comió adecuadamente o no, estuvo sometido a estrés, jugó, socializó, se movió o pasó gran parte del día sentado frente a una pantalla. La separación entre desarrollo intelectual y físico es cada vez más difícil de sostener. La evidencia internacional asocia la actividad física con resultados positivos sobre salud cerebral y desarrollo cognitivo, especialmente durante las etapas en que se consolidan capacidades para toda la vida. La Ley 21.778, publicada en noviembre de 2025, reconoce la actividad físrica y el deporte como elementos esenciales para una educación integral, disponiendo que los establecimientos promuevan al menos sesenta minutos diarios de juegos, actividad física o deporte durante la jornada educativa.
Política de Estado para el movimiento
Chile quiere aumentar productividad, sofisticar su economía, desarrollar ciencia y tecnología, aprovechar la inteligencia artificial, formar talento avanzado, extender la vida laboral, contener el gasto sanitario, mejorar salud mental y recuperar convivencia. Estos objetivos se discuten en ministerios, comisiones y documentos separados, pero una persona no vive en ministerios separados. La misma niña que hoy necesita movimiento será mañana estudiante, trabajadora, madre, investigadora, emprendedora, cuidadora o ciudadana, y eventualmente una persona mayor cuya autonomía dependerá de los hábitos construidos durante décadas. Una política deportiva bien concebida no debe medirse solo por deportistas federados, campeonatos o infraestructura construida, sino también por su contribución a producir una población más activa, saludable y funcional durante todo el ciclo de vida. La inactividad no es gratis: la Organización Mundial de la Salud estima que, si no mejoran los niveles actuales de actividad física, generará aproximadamente US$300.000 millones en costos directos para los sistemas sanitarios del mundo entre 2020 y 2030, sin incluir pérdidas indirectas de productividad. Reducir esta discusión al tamaño del Ministerio es quedarse en la superficie. La pregunta no es si necesitamos un Ministerio del Deporte, sino si Chile necesita una política de Estado capaz de aumentar radicalmente los niveles de actividad física durante las próximas décadas. Con los datos disponibles, la respuesta es inequívoca: sí, y no una política periférica, sino una política central de desarrollo. La Política Nacional 2026-2037 reconoce que enfrentar la inactividad requiere coordinación entre salud, educación, vivienda, desarrollo social, trabajo, cultura, transporte y gobiernos regionales y locales. El deporte no pertenece solo al deporte: pertenece también a la escuela, a la atención primaria, al diseño urbano, a la movilidad, al trabajo, a la infancia, al envejecimiento, a la inclusión y al territorio. Cuando un problema atraviesa tantos sistemas simultáneamente, la respuesta racional no es disminuir su importancia estratégica, sino mejorar su capacidad de coordinación.
Chile no se desarrollará sentado. El desarrollo de un país comienza mucho antes de que una persona entre al mercado laboral: comienza mientras juega, corre, aprende a coordinar su cuerpo, compite, coopera, pierde, vuelve a intentarlo, desarrolla disciplina y descubre que puede mejorar. El deporte no debe sobrevivir políticamente porque nos emociona ver una bandera chilena sobre un podio. Debe ocupar un lugar central porque forma parte de la infraestructura con la que desarrollamos personas capaces de aprender, trabajar, convivir, crear y envejecer mejor. El movimiento es parte de cómo comenzamos a resolver los problemas importantes.
Fuentes
- Cerrar el Ministerio del Deporte no achica el Estado. Achica el cerebro de Chile.Documento original